Yo soy una chica loca, rayada,
difícil de entender, no siempre contesto bien, soy despistada, terca con lo que
quiero, me ilusionó rápido, me puedo enojar muy fácil, soy sensible y lo acepto
y por lo mismo es muy fácil que me hagan daño. Tal vez me olvide de algo pero
de lo que si estoy muy segura es que lo que más problemas me ocasiono, fue ser
una persona de las cuales son sensibles, pero lo que me hacía distinta de las
demás era pues que siempre puse como un escudo, una sonrisa cuando en verdad
quería llorar. Muchas personas no se daban cuenta, casi la mayoría no se daba
cuenta para serte sincera.
Pero un día decidí desahogarme con alguien, decir y contar todos
los problemas que tenía en mi casa, mis padres eran separados, miraba a mi papa
una vez al año exactamente una hora por año, mi padre ya tenía otra familia por
quien velar, mis familia estaba divida por el dinero, a todo lado que podías
mirar, todo se movía por el dinero, se iba apagando eso del cariño de familia,
mis hermanos cada uno tenía sus intereses y su familia, ellos querían dinero y
ya, solo quedaba mi mamá y yo, no tenía
a quien contar mis problemas ni mis inquietudes, pues mi mamá también estaba
metida en sus problemas y así nunca existió alguien. Hasta el día en que conocí
a un chico, el cual era mayor que yo, él tenía ya 17 años de edad, él estaba en
la universidad, tenía mil experiencias vividas, conocía el mundo era una
persona muy libre, nadie nunca lo ato, él
era como un águila, siempre estaba solo, siempre buscaba soluciones a
sus problemas solo, y si, tenía amigos y muchos por cierto, pero todos iban y
venían, ninguno era considerado como su “mejor amigo”.
Yo era algo distinta, yo era
aún una niña, como el me lo decía, tenía 15 años, estaba aún en el colegio en
un cuarto de secundaria, tenía aun un mundo por descubrir, me sentía aun
protegida por los horarios del colegio, sintiendo que nada malo me pasaría
mientras estuviera allí, era como una pichoncita lista y entusiasmada por descubrir
un mundo nuevo que nunca antes había visto.


